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  • Pastor Manuel Sheran

ACUERDATE DE JEHOVA TU DIOS



Pr. Manuel Sheran


Deuteronomio 8:17–18 y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. 18Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día.


Uno de los pecados mas frecuentes del hombre es la autosuficiencia. El pensar que puede hacer y resolver todo por si mismo. Que no necesita de Dios para hacer todo lo que quiera en su vida. Y lamentablemente muchos viven sus vidas de esta manera.


Sin embargo, hasta que las tragedias ocurren nos acordamos de que verdaderamente no estamos en control de nada, ni de nuestras propias vidas. Por lo tanto, cualquier cosa buena que recibimos, es únicamente por su gracia inmerecida.


Este es el caso del Israel del antiguo pacto. Un pueblo rebelde y de dura cerviz que después de ser participes de los milagros mas impresionantes que se hayan visto jamás en la historia de la humanidad, creyeron que todas las cosas sucedieron porque había algo especial en ellos. De manera que cuando las cosas no le salían bien a causa de sus propios pecados de desobediencia a lo que Dios les había mandado hacer, murmuraban contra Dios atribuyéndole despropósitos.


Probablemente usted diga: “Si yo hubiera vivido todo lo que Israel vivió yo no hubiera hecho lo mismo que Israel” Pero la triste realidad es que nosotros hacemos las mismas cosas hoy y sino peores.


¿Por qué razón? Porque ningún milagro del antiguo testamento por muy asombroso que sea es mayor a la revelación plena del Señor Jesucristo como la simiente prometida que traería salvación. Israel no tenia ese conocimiento. Todas las señales apuntaban hacia Él. Pero aun no se les revelo. Ellos murieron y fueron salvos porque tuvieron la esperanza que El vendría. Aun sin saber quien era, solo que seria el sustituto perfecto enviado por El Padre para expiar nuestros pecados.


Nosotros, por el contrario, sabemos que es El. Muchos desearían estar en el lugar privilegiado de nosotros en el que podemos ver hacia atrás y conocer sin un velo en nuestros ojos que Jesús es el mesías esperado. Esa es la cúspide de la revelación del plan de Dios para la salvación de la humanidad. Aun así, con todo ese conocimiento, desobedecemos en peores maneras que Israel. Cuando no damos gracias a Dios por sus bendiciones para nosotros, cuando no ponemos nuestros planes y decisiones importantes en sus manos, cuando no reconocemos que todo lo que sucede en este lado de la eternidad es obra de su soberanía.

Vivimos nuestras vidas ocupadas pensando siempre en nuestro esfuerzo personal, en que tenemos que ahorrar más, reducir gastos, buscar mejorar nuestras posiciones, tomar decisiones mas inteligentes, etc. La carrera de la rata poniendo la mirada en el queso en lugar de todo el esfuerzo invertido por alcanzar lo irrelevante nos lleva a ignorar completamente la injerencia de Dios en nuestras vidas y sus bendiciones mas invaluables que cualquier cosa en este mundo.


Es por eso que en Deuteronomio el Señor hace un llamado a Israel a que aparte su mirada del queso y que mire hacia arriba, para darse cuenta de que hay un Dios soberano que gobierna todas las cosas. Que caiga a cuentas que por mucho que se afane no puede como dice el Señor Jesús añadir un codo más a su estatura o agregar un día mas a su vida. (Mat 6:27-33)


Quizás tu dice, pero todo lo que he hecho me ha costado. Ha sido por mi esfuerzo y mis sacrificios. Dios no me ha dado nada. Pero se te olvida que te da la vida todos los días, la salud y Él es quien da el poder para hacer riqueza dice el verso 18. Y si cayeras postrado en tu cama con un derrame cerebral sin poder levantarte y seguir con tu plan de construir tu reinito, él te seguiría manteniendo por su gracia, te sacaría del sufrimiento por su misericordia o te condenaría a una eternidad de sufrimiento por su justicia perfecta. Porque El es Dios y hace lo que bien le parece.


En el capitulo 4 de libro de Daniel vemos la historia de un personaje que paso por este estado de arrogancia. El rey Nabucodonosor. Un día se levanto a contemplar el espléndido reino que había construido con su gran poderío económico y militar. Olvidando que era el Dios de los cielos el que le permitía por su gracia común dada a todos los hombres (buenos y malos) disfrutar de su creación. En el momento en que fallo en darle la gloria a Dios vino sobre él la locura y fue humillado de tal manera que andaba en el campo entre los animales salvajes. Hasta que un día la razón le fue devuelta y pudo glorificar a Dios. (Dan 4:28-34)


Sin embargo, Nabucodonosor no fue el único que experimento el juicio de Dios por quedarse con su gloria. El rico insensato murió en el instante en que celebraba su riqueza. (Luc. 12:20-32). Herodes Agripa fue abatido por un ángel y comido por los gusanos en vivo cuando no le dio la gloria a Dios luego de dar un discurso al pueblo de parte de Dios (Hch 12:21-23).


Al final de sus días, cuando la cordura le fue devuelta, Nabucodonosor reconoce que la gloria le pertenece a Jehová y no a sus propios medios para hacer riquezas (Dan 4:34-37).


Todos estos ejemplos: Israel, Nabucodonosor, el rico insensato, Herodes Agripa y muchos mas quedaron registrados en la palabra inspirada por Dios como un recordatorio para nosotros. Para hacer una pausa de nuestro ritmo de vida acelerado y reconocer que sin la gracia de Dios no somos nada. Y descansar en que si El tiene el control de las cosas, no hay nada que podamos hacer para cambiar lo que el ya ha establecido que suceda. Por lo cual solo nos resta encomendarnos a El y pedirle sabiduría para actuar conforme a su voluntad. Aunque esta muchas veces vaya en contra de nuestros deseos pecaminosos.


La oración de Jesús en el Getsemaní debe ser nuestra oración diaria:

Lucas 22:42 Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.


Este es el consejo que también nos da Deuteronomio acuérdate de Jehová tu Dios.

El predicador del libro de Eclesiastés lo resumen de una manera magistral, el nos dice:


Eclesiastés 12:1 Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento;


Porque Dios es el que da el poder para hacer riquezas dice Deuteronomio. Similarmente Santiago nos recuerda que toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. (Stg. 1:17). No de la cuenta del banco, no de mi capacidad negociadora, no de mis decisiones inteligentes, no de mis grandes sacrificios. Sino que, del Padre de las luces, es decir, el Padre de las cosas espirituales, cuyo poder trasciende a los limites de este mundo. Por lo tanto, no hay nada imposible para El.


Así que la próxima vez que te veas tentado a actuar como los personajes de nuestro estudio el día de hoy, acuérdate primero de Jehová tu Dios.


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