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  • Pastor Manuel Sheran

DERRAMARE MI ESPIRITU



Pr. Manuel Sheran


Joel 2:28–29 Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.


Este verso es frecuentemente utilizado por las denominaciones carismáticas para referirse a nuestros días y de esta manera validar la enseñanza de que estos prodigios están siendo hechos en nuestro tiempo.


No es extraño encontrarse con personas de todas las edades que afirman tener visiones de cosas sobrenaturales y experimentar sensaciones fabricadas del “espíritu”. Fabricadas porque lo que tanto afirman ser una obra sobrenatural es fácilmente replicado por cualquiera con suficiente imaginación y creatividad. De hecho, algunas religiones orientales basadas en misticismo tienen las mismas practicas “espirituales” que muchos cristianos carismáticos de oriente.


Cuando usted les pregunta a las personas que ponen su fe en estas manifestaciones sobrenaturales en que se basan para hacer lo que hacen muchos de ellos encuentran respaldo en este verso del profeta Joel.


A primera vista pareciera ser que el profeta respalda sus acciones. Y si no conociéramos nada de biblia pudiéramos caer en la trampa de pensar que lo que estas sectas hacen es totalmente bíblico pues esta en la escritura.


El gran problema es, que como todas las cosas que afirman ser bíblicas, lo hacen aislando versículos e ignorando el contexto y todo el consejo d la palabra de Dios.


En primer lugar, porque el contexto de este pasaje habla acerca de la venida del Mesías. Estas señales sobrenaturales servirán de confirmación de que el Mesías ha llegado.


De hecho, la frase con la que inicio el verso: “Y después de esto” aduce que algo mas tuvo que haber pasado antes para que lo que esta a punto de narrar el profeta, suceda. Y basta con retroceder unos versículos para darse cuenta de que es lo que tiene que pasar para que estos actos sobrenaturales se lleven a cabo.


Lo que antecedería a la obra del espíritu es que después que haya sido enviado el maestro de justicia, y haya caído una abundante lluvia del Evangelio en la tierra de Judea, por medio del ministerio de Juan el Bautista, Cristo y sus apóstoles, y haya un deleite tan confortable de las bendiciones de la gracia de Dios: el conocimiento de Él y su salvación, hasta entonces, Dios derramara su espíritu sobre toda carne.


En segundo lugar, esta profecía tiene un cumplimiento exacto en la historia de redención. Específicamente en el día de Pentecostés cuando El Espíritu Santo fue efectivamente derramado sobre toda carne. Hechos 2:1-13 narra este glorioso acontecimiento. Ese día, gentes de múltiples nacionalidades (judíos y gentiles) recibieron al Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otros idiomas (inteligibles y no jerigonzas indescifrables) que no conocían pero que fueron escuchados y entendidos por otras personas de las nacionalidades a las que pertenecían dichos idiomas.


Esto desconcertó a todos los que estaban presentes al no saber que es lo que estaba pasando. Entonces el Apóstol Pedro se puso de pie y les explico en su primer discurso, y para hacerlo, recurrió a las escrituras. El verso 14 desde mismo capitulo narra lo siguiente:


Hechos 2:14-17 Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras. Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños.


La explicación de Pedro es mas que clara, lo que estaba pasando aquí es que se estaban cumpliendo las palabras del profeta Joel.


Pero quizás pudo ser que Pedro se haya equivocado al interpretar la profecía. Si este hubiera sido el caso, este relato hubiera tenido un desenlace fatal. Ya que los judíos no toleraban una manipulación en la palabra de sus venerados profetas. Si no hubieran recibido las palabras de Pedro, seguramente lo hubieran apedreado hasta la muerte, como lo hacían con todos aquellos que se atrevían a profanar la palabra de Dios.


Sin embargo, el relato nos dice:


Hechos de los Apóstoles 2:37–39 Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? 38Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. 39Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.


Así que inequívocamente, esta profecía de Joel tiene su cumplimiento en el día de Pentecostés. Y no es para nosotros. Puesto que las manifestaciones sobrenaturales eran una confirmación de que la obra del Mesías era verdadera.


Dios aun sigue derramando su espíritu en nosotros. Pues el nos dejó un consolador que nos guía hacia toda verdad y justicia. Pero la manera de hablarnos y transferir a nosotros su conocimiento es a través de la enseñanza del Señor Jesucristo y sus apóstoles registrada en La Biblia.


Si creyéramos lo contrario, estaríamos yendo en contra de la escritura cuando nos dice:


Hebreos 1:1–2 (RVR60): 1Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;


No podemos hacer de un verso un dogma aislándolo de su contexto e ignorando el resto del consejo de la palabra. Los acontecimientos de Pentecostés fueron profetizados muchos años antes que sucedieran. Cuando sucedieron, el pueblo de Israel pudo reconocerlos porque estaban familiarizados con la profecía de Joel.


La trascendencia de este verso no es que ahora nosotros podemos tener sueños y visiones. Sino que son una confirmación para nosotros de que el Señor Jesucristo es quien afirma ser y que su palabra se cumplirá siempre. Por lo tanto, debemos descansar en que su obra redentora es cierta y estar expectantes para su regreso. Mientras viene, debemos estar prestos para que ese Espíritu que fue derramado sobre nosotros, nos prepare en santidad para recibirle y vivir eternamente con El.



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