• Pastor Manuel Sheran

EL DIOS DE PAZ QUE SANTIFICA




1 Tesalonicenses 5:23 (RVR60) Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.


En nuestra capsula bíblica de hoy, el apóstol exhorta a la iglesia con oración a Dios, conociendo la debilidad e impotencia de los santos para recibirla y actuar de acuerdo con ella. Es consciente de su propia insuficiencia para impresionar sus mentes con sus consejos. Los cuales, a menos que el Señor le abriera los oídos a la disciplina y les diera instrucciones, serían inútiles y en vano.


Por tanto, se dirige al trono de la gracia y se dirige a Dios como "el Dios de la paz"


Lo llama así, por la importancia que para él tiene la paz y la reconciliación hecha por la sangre de Cristo, y porque es el dador de la paz de conciencia, y el autor de la paz, la concordia y la unidad entre los santos, y de toda felicidad y prosperidad, tanto en este mundo como en el venidero.


El apóstol quiza opta por dirigirse a Dios bajo este carácter, en parte para alentar la valentía, la libertad y la osadía en el trono de la gracia. Y en parte para despertar la esperanza, la expectativa y la fe de que sus peticiones sean respondidas, ya que Dios no es un Dios airado con sus hijos. ni hay en él furor para con sus elegidos, sino que es Dios de paz.


Las peticiones que Pablo hace para los Tesalonicenses son las siguientes:


Os santifique por completo


Los receptores de la carta fueron santificados por el Espíritu de Dios, pero no completamente.


El Evangelio les llegó con poder, y había obrado eficazmente en ellos. Haciendolos apartarse de los ídolos para servir al Dios vivo, permitiendoles tener fe,esperanza y amor verdaderos, implantados en ellos. Por lo tanto, fueron capacitados para cumplir la voluntad de Dios de una manera muy cómoda y encomiable.


Sin embargo, esta obra de gracia y santificación iniciada en ellos distaba mucho de ser perfecta.


Hay algo que falta aun en la fe del mayor de los creyentes. El amor a menudo se enfría y la esperanza no es viva en todo momento. El conocimiento es sólo en parte. El pecado habita en todos. De manera que los santos son espiritualmente pobres y necesitados todo el tiempo. Sus necesidades continuamente vuelven sobre ellos y necesitan suministros diarios. Los más santos y sabios entre ellos niegan la perfección en sí mismos, aunque la desean. Su santificación en Cristo es perfecta, pero no en ellos mismos. La nueva criatura, o el nuevo hombre, ha nacido de nuevo, pero no ha llegado a su pleno desarrollo. Esto es lo que carecen.


Es precisamente esto lo que pide el apóstol. En virtud de que la santificación es una obra progresiva, gradual. Es como una semilla arrojada en la tierra, que brota, primero hierba, luego espiga, luego grano lleno en la espiga. Es también como luz, que brilla cada vez más hasta que el día es perfecto.


Las personas santificadas son primero como niños recién nacidos, y luego crecen para ser hombres jóvenes, y finalmente llegan a ser padres en Cristo. Esta obra, una vez comenzada, se llevará a cabo, y será realizada, cumplida y perfeccionada. Y es Dios quien está a cargo de hacerla. El comienza, y la lleva a cabo, y la terminará. El apóstol solamente le ruega para que en efecto, sea hecha en los creyentes de Tesalonica.


Su segunda petición es esta:


Todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.


Para los judíos el ser del hombre se divide en espíritu, alma y cuerpo.


En contraste, nosotros los creyentes, somos persuadidos por la escritura, que Dios divide el ser entre hombre interior y hombre exterior. La carne y el espíritu.


Para algunos "espíritu" se refiere a las gracias y los dones del Espíritu en un hombre regenerado. Por "el alma", el alma como regenerada. Es decir, como asiento y sujeto de estas gracias. Y Por el cuerpo, se refiere a la habitación del alma, que es influenciada por las gracias anteriores. Esta es una interpretación que no debe ser despreciada.


Para otros "el espíritu" se refiere al alma racional e inmortal del hombre. Que a menudo es llamada espíritu, como en (Eclesiastés 12:7). Por ‘el alma” se refiere al alma animal y sensitiva, que el hombre tiene en común con las bestias (Eclesiastés 3:21). Y por el "cuerpo", la estructura exterior de carne, sangre y huesos. Por lo que "espíritu" y "alma" en esta interpretación son una referencia a la misma alma inmaterial, inmortal y racional del hombre, solo que considerada en sus diferentes poderes y facultades. El "espíritu" puede significar el entendimiento (Job 32: 8) que es la facultad principal, conductora y gobernante del alma. El cual, iluminado por el Espíritu de Dios, convence al hombre de pecado, lo conduce a Cristo Jesús, y las cosas del Espíritu, las verdades del Evangelio, para recibirlas y valorarlas. Pero “el alma" también puede incluir la voluntad y los afectos, que están influenciados por el entendimiento. En un hombre regenerado la voluntad se resigna a la voluntad de Dios, y los afectos se fijan en las cosas divinas, mientras que el cuerpo es el instrumento para realizar ejercicios religiosos y espirituales.


De estos tres elementos es que el apóstol ora que : sean guardados irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.


El no esta diciendo por esto que serán blindados contra el pecado en cualquiera de sus formas para no caer en El. Sino que puedan ser preservados en pureza y castidad de las groseras atrocidades de la vida, y ser guardados de una caída total y definitiva.


El sentido de su oración es que la obra de la gracia se complete por fin en el alma y el espíritu. Y que el cuerpo resucite en incorrupción, y gloria. Y que ambos, en la venida de Cristo, sean presentados sin faltas, sin culpas, sin manchas, ni arrugas, ni nada parecido. Primero ante El mismo, y luego a su Padre.


Esta también es nuestra oración para la iglesia de hoy.

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