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  • Pastor Manuel Sheran

GUARDA TU CORAZON



Pr. Manuel Sheran


Proverbios 4:23 Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.


Este proverbio constituye una de las advertencias más importantes y recurrentes de toda la escritura.


Si se entiende bien, puede ser de mucha utilidad. Pero si se entiende mal puede llegar a ser muy destructivo. Le explico por qué.


Hace algunos años, observe que un grupo de personas en una iglesia tenía la practica de “guardar el corazón” erróneamente. Aunque en primera instancia se escuchaba como algo sumamente piadoso, en verdad no lo era. Pues para ellos guardar su corazón se refería a la práctica egoísta de no participar de su vida a nadie ni permitir que nadie supiera nada acerca de sus vidas con el pretexto de guardar su corazón. Era como blindar el corazón de las cosas externas para no experimentar el desanimo y el quebrantamiento que muchas veces trae el relacionarse con pecadores igual que nosotros.


Esto es totalmente opuesto a la vida en comunidad que como iglesia la Biblia nos manda a vivir. Constantemente nos llama a participar mutuamente nuestras vidas a los demás: someteos unos a otros en el temor de Dios (Ef. 5:21), Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados (Stg. 5:16), Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo (Gal 6:2), Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran (Rom 12:15) etc.


Y aunque esto se dice fácil y suena muy bonito, es extremadamente difícil e incómodo. En vista de que el mundo nos ha adoctrinado a ser egoístas y reservados para garantizar nuestro éxito personal. Y esta forma de pensar muchas veces es trasladada a las iglesias. En donde Jesús nos dice: En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros (Juan 12:33). ¿Pero como puede una persona amar perfectamente, si no hace a los demás participes de su vida? ¿Si no los deja entrar en su corazón? ¿si es desconfiado? ¿Si tiene malas sospechas? Verdaderamente, una persona así no ha aprendido a amar perfectamente con el amor del padre. Porque es mas grande el temor a ser lastimado que amar desinteresadamente sin esperar nada a cambio, como nos amo nuestro Salvador. ¿Se imagina que Él se hubiera reservado su amor por la humanidad para no ser lastimado? Por el contrario, él nos dice:


1 Juan 4:18 En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor.


Por supuesto, esto no garantiza que no vayamos a ser traicionados, decepcionados y que no vamos a tener quebrantos de corazón por amar como la Biblia manda. Siempre que haya pecadores involucrados, es normal que el pecado quiera infiltrarse y arruinar nuestras relaciones. Pero si el amor del Padre vive en nosotros, nos ayudara a perdonar, amar y buscar soluciones a nuestras diferencias.


Pedro nos recuerda que cuando las faltas sean mas graves, mas amor debemos tener:


1 Pe 4:8 Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.


De hecho, Dios utiliza estas experiencias de quebrantamiento para enseñarnos su perfecto amor para con nosotros. Para que como Él nos ama, así también nosotros amemos a los demás. Si todas las relaciones fueran perfectas, ¿cómo sabríamos que nuestro amor es perfecto? Necesitamos de estos momentos de crisis para ser perfeccionados en fe, paciencia, longanimidad y por sobre todas las cosas, en el amor.


Sabiendo esto entonces, podemos concluir que guardar nuestro corazón no significa blindarlo de Dios, su palabra y de nuestros hermanos en la fe. Entonces, ¿Qué significa guardar nuestro corazón? ¿De qué debemos guardarlo? Dejare que nuestro Señor Jesucristo conteste esa pregunta:


Marcos 7:20–23 Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. 21Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, 22los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. 23Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.


¿Puede verlo ahora? ¡Uno preocupado por guardar su corazón de las cosas de afuera cuando es de las cosas de adentro que debe ser guardado!


¿De que debemos guardar nuestro corazón entonces? Por si aun no lo entiende de la vanidad, del error, de la voluntad perversa, de la conciencia limpia de culpa, de los afectos desordenados y puestos en cosas malas, de los pensamientos ociosos; de caer en manos del enemigo, de darle rienda suelta a nuestros deseos pecaminosos para ser posesión de Satanás.


Se requiere de gran diligencia para guardar el corazón ya que es naturalmente tan engañoso y traicionero. Debe ser vigilado continua y estrictamente en todas sus avenidas, tanto de que nada dañino entre por nuestros sentidos, como de que nada malévolo y pecaminoso salga de Él.


Ahora la pregunta del millón es: ¿Como guardamos nuestro corazón?


¡Por todos los medios posibles! por la oración, el oír, la lectura, la meditación, y, sobre todo, solicitando a Cristo su gracia y Espíritu para santificarlo, preservarlo y guardarlo.


A pesar de que la Biblia nos instruye a guardar muchas otras cosas mas como nuestras familias, los tesoros y las riquezas celestiales, le presta un énfasis especial al corazón, porque como dice el proverbio: ¡de el mana la vida!


Esto quiere decir que de él se derivan todas las acciones de la vida. Es por tanto, como dicen los filósofos: “el primero que vive, y el último que muere.” Es el asiento de la vida espiritual, el principio de ella se forma en él; de donde fluyen todas las acciones espirituales y vitales que conducen y desembocan en la vida eterna.


Como es el corazón de un hombre, tal es su estado ahora, y será en el más allá. Si el corazón es vivificado y santificado por la gracia de Dios, el hombre vivirá una vida de fe y santidad aquí, y disfrutará de la vida eterna en el más allá. Si el corazón es recto, así serán las acciones de los hombres, reguladas y denominadas por él. Entonces brotarán de los principios correctos, y se dirigirán a fines correctos, para realizarse con puntos de vista correctos.


Por lo tanto, debemos tener mucho cuidado con el corazón, ya que mucho depende de él, y Dios lo conoce muy bien.



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